jueves, 28 de noviembre de 2019

Tu boca sabe al calor de septiembre,
que este año
viene vestido con manga corta
y pantalones de chándal largos. 

Tu pelo es del color de las noches de octubre, 
y qué suerte, 
porque siempre he preferido la oscuridad a la luz.
Y a pesar de que esta me aterre,
mis manos están deseando perderse por tu cielo. 

Tus jerseys vaticinan el inicio de noviembre. 
Noviembre, 
ese mes tan frenético donde todo despierta:
las ganas, el estrés, la novedad, un año más, 
tú, yo, nosotros, 
quedarnos con las ganas del beso
que nunca se acaba dando. 

Diciembre ha venido abriéndose paso
entre ráfagas de viento 
que no deja de empujarnos en la misma dirección, 
rápido y efímero,
trayendo la noche con él
y los viajes en bus sin soltarnos de la mano 
y sin importar el qué dirán. 

Navidad ya está cerca. 
Este año viene rodeada de luces,
de alegría, de chispas, 
de algo nuevo, 
cálido, indescriptible, 
tú, yo, 
nosotros, 
el beso que se acabó dando, 
vacaciones, 
viajes por carretera, 
distancia, te echo de menos, 
tiempo.
Reencuentro. 

Humo

El humo del cigarro avanza
en la noche cubierta de madrugada, 
imperrtérito.

Escape entre caladas
con la luna tiñendo la piel.

La camiseta
ni siquiera llega a los muslos
y dos nalgas entristecidas
asoman por debajo de ella.

Tirante negro con sabor a tabaco;
pintalabios rojo
que tiñe de sangre las melodías.

Cabellera rubia que cae por el hombro
y sábanas deshechas 
que esperan un retorno sin fecha. 

Fuego fatuo,
consumidor de energía, 
el tic tac del reloj, 
campanas a lo lejos, 
las dos de la madrugada,
el humo entre los dedos ya quema. 

Un adiós 
y las luces se apagan
para dar comienzo a la función 
de pensarte cada noche
y sentir tu ausencia mientras tanto.