sábado, 14 de marzo de 2020

Tengo miedo de pensar que a lo mejor no soy tanto como me imaginaba. Que mi grito de socorro se pierde tan pronto como abandona mi garganta y que nadie es capaz de escucharlo. A lo mejor por eso nadie me tiende a la mano. A lo mejor es que la música de los auriculares está demasiado alta como para oír nada. A lo mejor es que siempre nos olvidamos de preguntar y nos convencemos de lo supuesto.

Tengo miedo de caer en el olvido. De que la vieja inseguridad vuelva y consiga hacerme tan pequeña como antes. De que todo esto solo sea una falsa imagen capaz de hacerse trizas en cuestión de segundos sin que haya ningún celo que la pueda remendar.

Por favor,
dime,
¿soy alguien?
¿soy suficiente?
¿piensas en mí
algo más de lo parece?

Still...
Tengo el vuelo de ida y no el de vuelta. La llave en la mano buscando una cerradura que sepa a la brisa en la cara, a libertad y a un agobio que eché de menos mucho más de lo que pensaba.

jueves, 12 de marzo de 2020

Tan pronto como esta montaña rusa sube,
se escucha un grito
con una canción de fondo
y cae en picado.

A veces también va acompañada
de libros
y de tareas
que se amontonan
en la esquina del escritorio.

Marzo

Un grito sordo.
Dolor.
No sé.
¿Soy suficiente?
No te preocupes.
No es nada.
¿O sí?
¿Me quieren?
¿Me quiero?
¿Soy capaz de seguir?
Sí.
Sí.
Sí.
No.
NO.
Necesito un respiro.
Y dormir.
El calendario
ahora está mojado,
ya no hay
alegría
en sus calles.
Joder.
Una canción triste.
Otra en valenciano.
¿Hay solución?
¿Voy a ser capaz?
Me supera.
Compañía.
Ven, por favor.
Un beso.
O un par.
Lágrimas
que acompañan
a las constelaciones.
Mierda,
las expectativas.
Mierda,
donde están ahora.
Joder.
Respiro.
Aviones.
Música
a un volumen más alto
de lo normal
ahogado
en retrasos
y vuelos cancelados.
¿Qué hacemos?
¿Qué hago?
Hay tanto tiempo
que me falta
y tanta ilusión
que se me escapa.
Mierda,
marzo.

Respirar

Subrayar,
rotulador en mano,
los números
que se pasan
con las hojas del calendario.

Y verlo cada día.
Y reír.
Y un "venga, yo puedo"
que te anima
a destaparte
y salir corriendo de
tu eterno refugio
donde respiras
y ríes
y descansas
con miedo
y un par de sueños imposibles
que se desvanecen
con los primeros rayos del día.

La cuentra atrás se desvanece.
Una venda
cubre las lágrimas de los ojos
que caen sobre la tinta
emborronando los días
y todo aquello que llevabas
esperando
tanto tiempo
con tanta ansia.

Y respirar
se convierte en una jaula
de gritos
y escapes imposibles
sin llaves
que poder alcanzar
para abrir la puerta.

Los aviones despegan,
las calles se vacían
y las promesas
se mezclan
invisibles
con el aire
en medio de una tormenta
que lleva varios días
amenazando
con no amainar.