viernes, 22 de enero de 2021

este año, enero llega de manera diferente. 

enero siempre trae reencuentros y abrazos,
kilómetros de más bajo las ruedas, 
y la sensación de volver a casa después de tanto tiempo. 

este enero, 
las campanadas ya no traían huidas de cenicienta. 
tampoco madrugones de película. 

el frío no congelaba la ventana
y el paisaje no se deslizaba 
ni cambiaba
ante nuestros ojos. 

las mañanas no eran tan frías.
el vaho no acudía a tu llamada
y la ropa de abrigo
seguía descansando al fondo del cajón. 

Green Day ya no sonaba bajo las estrellas,
cantándole a septiembre.
Tampoco hemos subido el volumen de Bohemian Rhapsody
y no la hemos cantado a grito pelado
mientras recorríamos carreteras desiertas.

la cencellada no nos ha esperado
y el río ha despertado vestido de blanco
sin que estuviéramos ahí para inmortalizarlo. 
a pesar de eso, 
ha seguido bajando cargado de historias,
anécdotas
y nostalgia.

enero no estaba hecho para nosotras.
las campanadas de la catedral no han escuchado las carcajadas de la cabalgata. 
el castillo se ha iluminado con tonos más oscuros
y nuestra heladería favorita espera cerrada
a que volvamos a congelarnos la lengua en pleno invierno.


ahora que febrero ya está a la vuelta de la esquina, 
me he dado cuenta 
de que sigo sin encontrar cobijo en estas murallas, 
sabiendo que las que nos protegen
están muy lejos de aquí. 

y sé que el tiempo juega en nuestra contra, 
y que la incertidumbre roza cada día del calendario, 
pero sé que las calles encerrarán más miedos,
que huiremos de miradas y personas curiosas
y que, tarde o temprano, 
volveremos a casa.

Volveremos a discutir por ver quién pone la música, 
volveremos a andar hasta que nuestros pies no puedan más, 
volveremos a pasar por nuestro bar favorito,
volveremos a hacer trampas de más en juegos de mesa
y volveremos a acariciar las pieles del pasado.

Dejaremos las mentes en blanco,
y volveremos a tener la sensación,
al menos por unos días, 
de que todo está bien. 

Reencuentro, qué palabra tan bonita.