hubo un tiempo en el que el sol y la luna caminaban de la mano. paseaban creyendo que se necesitaban, pero muy en el fondo sabían que sus destinos estaban muy lejos el uno del otro. uno tenía que atender al día. la otra, a la noche.
sol y luna se vieron obligados a soltarse las manos con lágrimas en los ojos. y mientras uno lloraba durante el día, desahogando su ira con rayos cada vez más calientes que se reflejaban en las olas del mar, la otra lloraba entre montañas rodeada de un haz de luz plateado que lo hacía todo un poco más bonito.
sol y luna no volvieron a verse nunca. no podían dejar su puesto por una mirada de más. habían cogido aviones diferentes, y estos les habían llevado a lugares inimaginables. y aunque durante los primeros meses ambos seguían pensando en su compañero perdido, el recuerdo no tardó en hacerse cada vez más difuso ante el paso del tiempo.
cada vez que sol creía escuchar el llanto de luna, luchaba por aguantar un poco más despierto. y nunca lo conseguía, aunque su dolor acababa tiñendo el cielo de colores preciosos.
cada vez que luna trasnochaba de más, sintiendo la calidez que transmitía sol, se le erizaba la piel. a veces intentaba quedarse un poco más durante el día, pero las nubes la ocultaban y sol nunca percibía su presencia.
sol acabó persiguiendo su sueño más lejano y sus pies nunca llegaron a pisar del todo la Tierra. exploró planetas y navegó entre estrellas hasta quedarse sin energía, sin llegar nunca a encontrar su verdadero sitio. sol navegó entre océanos, escaló montañas y buscó las vistas más bonitas que nadie había visto nunca. aprendió idiomas, conoció a gente y jugó a perderse por callejuelas sin un mapa en la mano. sol se volvió imprevisible, impulsivo, aventurero.
luna acabó metiéndose de lleno en sus pasiones. corría cada noche persiguiendo a las estrellas, enfadándose con ellas si conseguían ser más rápidas que ella. luna se perdió en más estaciones que aeropuertos y encontró muchas otras noches en las que perderse mientras buscaba un sitio en el que establecerse definitivamente.
sol y luna, al cabo del tiempo, dejaron de sentir tanto dolor. algo nuevo se empezó a abrir paso por sus cuerpos y pronto dejaron esa parte de su vida atrás. sin embargo, por mucho que intentaran autoconvencerse de lo contrario, nunca se olvidaron por completo del otro. las miradas de sol al pensar en luna y el tacto de esta al pensar en él siempre los delataban, por muy buenos actores que pretendieran ser.
sol y luna siempre mantuvieron el deseo de volver a verse. de mirarse. de tocarse. de escuchar juntos sus canciones favoritas y perderse en lugares donde nadie pudiera volver a encontrarlos jamás.
y a pesar de todo, como sabían que nunca más podrían volver a verse, en las noches en las que el recuerdo dolía un poco más de lo normal y en los días en que las horas se convertían en odiseas de echar de menos,
sol brillaba con más fuerza y el calor se volvía insoportable
y
luna lloraba provocando que la noche fuera incluso más fría y oscura que de costumbre.
y así,
sol y luna se dieron cuenta de que,
por muchos años que pasaran,
una parte de ellos seguiría perteneciendo al otro.
pero ya no se necesitaban.
en realidad, nunca lo habían hecho.