septiembre vino con la rutina bajo el brazo, aunque esta, dentro de su monotonía, traía varias novedades. había más sillas vacías que de normal y las risas entre clases ya no sonaban tan alto. nos dimos la mano para aferrarnos a la poca normalidad que pudimos encontrar, y logramos construir nuevos lazos con los que asomar a la superficie.
en octubre, aunque tardías, nacieron las últimas semillas de la temporada. estas vinieron de la mano de estanterías llenas de libros, de café de mediatarde y de confesiones que provocaron más de un latido acelerado.
en noviembre llegó el frío. veía la nieve caer desde la seguridad de mi habitación, pero la sentía como si los copos estuvieran rozándome la piel. durante este mes, las canciones fueron un poco más tristes y su rostro aparecía en todos los lados, junto con las dudas y el dolor que este conllevaba. ¿por qué? ¿cómo había podido pasar? ¿acaso había más mentiras en sus palabras de las que yo había podido encontrar? ¿me había mentido su mirada sin que yo me diera cuenta?
en diciembre, las olas se apaciguaron. encontré el barquito que me llevó de vuelta a casa tras mecerme en las olas, y me perdí entre letras y aventuras. me sentí de nuevo querida, a pesar de que el dolor seguía ahí. la nieve empezó a derretirse ante la llegada de las luces navideñas y el año nuevo supo un poco más amargo que de normal.
enero y febrero vinieron impulsados por una montaña rusa. un día estábamos bailando con el sol sobre la tinta de nuestra piel y al otro jugábamos a desaparecer bajo las sábanas. llegaron nuevas letras, ilusión, dolor. su rostro volvió a aparecer con un semblante más dulce y por fin empecé a sentir que todo estaba bien de nuevo, justo como había querido desde un principio.
en marzo faltó fiesta, pero por fin volví a respirar. dejé que el aire entrara en mis pulmones por primera vez en meses, y noté cómo se me refrescaba el cuerpo. por primera vez, me sentí bien en mucho tiempo.
en abril la puerta se quedó entreabierta. nos desnudamos hasta quedar completamente desprotegidas, hasta que la sinceridad cruzó la línea de meta. y sí, dolió, pero soy consciente de que lo hicimos para poder reencontrarnos en el futuro, y para poder pasear juntas por París.
mayo, por ahora, está prometiendo muchas cosas diferentes. a ver qué nuevas historias trae.
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