tiempo.
me he dado cuenta de que la palabra clave es el tiempo.
el tiempo te acompaña incluso con los ojos cerrados. te va soplando en la cara a medida que pasan los días, pero tú apenas te das cuenta hasta que te paras a pensar en lo que estás haciendo o te detienes frente al espejo al darte cuenta de cómo ha cambiado tu reflejo.
siempre todos hemos deseado poder manejar el tiempo a nuestro antojo. he perdido la cuenta de las veces que he querido adelantar o retroceder el tiempo con mis propios dedos. he dibujado constelaciones en el techo de mi habitación mientras escuchaba cómo las manecillas del reloj desafiaban al insomnio, y he jugado a imaginarme todos los posibles escenarios que tenía al alcance de mis madrugadas.
por mucho que queramos modificar el tiempo, él va por libre. no hay jaula que lo atrape, no hay magia que lo controle. el tiempo ni es, ni será nuestro, y por eso actúa como le apetece.
hay heridas que tardan en sanar. el tiempo las va cicatrizando, y apenas nos damos cuenta de ello. lo único que sentimos es un pequeño escozor, pero de repente nos damos cuenta de que esa enemiga que nos ha acompañado ya no está ahí.
el tiempo también se encarga de sanar las heridas que no se ven. una enfermedad. una pérdida esperada o inesperada. el miedo. las inseguridades. la marcha de un ser querido. palabras que aún no se han dicho y que siguen esperando a que alguien las pronuncie.
ayer me dic cuenta de que, aunque nadie puede controlar el tiempo, cada uno decide qué es lo que hace con él. el tiempo es el mismo para todos, pero cada uno lo siente de manera diferente, y no entender esto es lo que ha provocado que la culpabilidad me coma el estómago desde hace demasiado tiempo.
esta, al principio, era como una lagartija. notaba cómo iba paseándose por mi interior, sabía que estaba ahí y no hacía nada por pararla. tal vez, si hubiera sido consciente de lo que estaba haciendo y de cómo iba creciendo sin que yo me diera cuenta, hubiera podido (o me hubiera atrevido) a detenerla antes de que fuera demasiado tarde. poco a poco, se fue convirtiendo en un dragón. un dragón rojo y fuerte que estaba aquí para devorar cada pedacito de mí. ya sabes que yo siempre le he tenido miedo al fuego, y que no sé cómo actuar frente a él.
a mí me gusta jugar con el tiempo. o tal vez es él el que juega conmigo, la verdad es que a estas altuuras ya no lo sé. lo enrollo entre mis dedos e intento tirar de él hasta exprimir todos los recuerdos, repasando qué hice mal en cada uno de ellos. tú no. a pesar de que este se enrolla en cada parte de tu cuerpo, tú lo dejas fluir y escapar. aunque no llegué a decírtelo abiertamente, siempre te he admirado y siempre he querido aprender un poco más de ti, porque bajo la tinta de tu piel escondías letras e información mucho más interesante de lo que crees. tal vez, si hubiera hecho lo mismo que tú en este sentido, las cosas serían diferentes.
también he entendido otra cosa. el tiempo y la distancia van de la mano, y esta realidad me golpeó cuando ya era demasiado tarde. me marché de casa sin querer hacerlo, sin querer soltarte la mano para encontrarme. intenté poner distancia y me quedé en el primer hotel que encontré antes de que anocheciera, pero sabía que, hiciera lo que hiciera, el cartel de vuelta a casa seguía apuntando a ti.
aproveché cada desvío que encontré en el camino para volver a ti, y ese fue el gran fallo que marcó la diferencia. mis amigas están cansadas de oír tu nombre y cada vez que pongo una de las canciones que escuchábamos ruedan los ojos al escucharla. las cosas hechas a medias nunca acaban bien, y me di cuenta cuando ya era demasiado tarde, pero el peso de la mochila no dejaba de gritarme que me refugiara en ti cada vez que mis piernas se cansaban.
he decidido poner distancia de verdad, antes de que sea tarde. voy a descansar en cada porche que encuentre, pero no en el tuyo. haré oídos sordos cada vez que escuche los acordes que hacen temblar mi pecho y me quitaré las gafas cuando aparezcas al otro lado de la calle. tal vez así, y solo así, consiga llegar a mi destino sin sentir cómo el cosquilleo de la ansiedad me persigue.
sé que el reencuentro llegará. ya tiene fecha en el calendario, y soy consciente de ello, pero todavía me quedan muchos pueblos por recorrer antes de encontrarte. quiero perderme, dejar pedacitos de mí en cada rincón que visite para ver si así, explorando nuevos lugares consigo sanar por fin. estaré lejos de ti y me aseguraré de que no encuentres ninguna de mis cicatrices, no sea que la vayas a abrir de nuevo sin que la sangre resbale por mis mejillas.
tú has encontrado tu camino. yo todavía tengo que encontrar el mío, pero me alegro de que todo esté sanando poco a poco. ¿ves?, si es que al final el tiempo hace con nosotros lo que quiere. tú supiste aprovecharlo, lo dejaste fluir, y por fin los árboles del octubre están dando sus primeros frutos. una hamaca se balancea tranquilamente y tú descansas en ella después de tanto tiempo. yo no puedo decir lo mismo, pero también es verdad que yo siempre preferí explorar hasta notar cómo el temblor se apodera de mi cuerpo. ya me faltan menos lugares por visitar y menos poemas que escribir, pero tengo que reconocer que una parte de ti siempre servirá de inspiración.
lorca le llora a la luna, yo te recuerdo en ella.
mierda, se me hace tarde. la vela ya se está empezando a apagar. me voy, que el sueño ya está llamando a mi puerta. cuídate mucho, encuéntrate cada vez más y sé feliz, ¿vale?
creo en ti. ahora y siempre.
igual que también creo en mí.