durante todo este tiempo,
tengo la sensación
de que he estado esperando algo
que no iba a llegar.
un encuentro. un mensaje. una conversación
con la que abrirme en canal,
sincerarme
y perder el miedo
a decirte
todo lo que he ido guardando
desde la última vez que nos vimos.
pero dime
cómo hacerlo
si cuando oigo tu nombre
me vienen tus manos a la cabeza
si cuando te veo por la calle
mis manos
y mi pecho
tiemblan ante el sabor de tus labios,
dejándome paralizada
dime cómo enfrentarme a esto
si no soy lo suficientemente valiente
como para gritar tu nombre
y mirarte a los ojos
como si nada hubiera pasado
es en esos momentos
cuando yo
que siempre he sido de seguir lo que dice el corazón
me doy cuenta
de que a veces también hay que escuchar a la razón,
de que correr en dirección contraria
y dejar huellas de dolor
a veces es lo mejor.
y es en esos momentos
cuando no sé qué duele más.
si verte, llamarte
y recordar todo lo que he estado intentando enterrar estos últimos meses
o verte, irme
y quedarme
con este "¿y si?"
atascado en el pecho.
no sé cuántos días han pasado desde la última vez que huí,
pero sigo recordando la parálisis,
la nostalgia,
las ganas de gritar tu nombre y preguntarte qué tal va todo.
no sé cuántos días han pasado,
pero sigo martirizándome
y preguntándome
qué habría pasado
si te hubieras dado la vuelta
y me hubieras visto allí.
¿se te habrían iluminado los ojos?
¿habría encontrado algún indicio de que me echas de menos?
¿me habrías abrazado?
¿lo habría hecho yo?
supongo que ya no lo sabré.
ya no lo sabremos.
me toca convivir con esto
que me atenaza el pecho,
y rezar (una vez más)
porque el destino,
las casualidades, o como quieras llamarlo,
no quiera que te vuelvas a poner en mi camino.
qué caprichoso es el destino a veces,
cómo le gusta jugar con el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario