lunes, 27 de julio de 2020

Mi cabeza bulle, 
por primera vez en mucho tiempo, 
a causa de las metáforas perdidas
y las paradojas faltas de antonimia. 

Hace tiempo que me perdí en este camino de guijarros,
y la arena se niega a dibujarme el camino a casa. 

Me busco en galerías de arte,
en viajes al pasado
y en detalles perdidos en el tiempo
con un par de carcajadas 
y unas manos que se aferran a la primera piel que encuentran. 

No me sueltes, suplica, 
que a lo mejor me caigo.

Y no sé a dónde demonios 
me llevará esta venda sin rumbo, 
pero supongo que
en medio de toda esta confusión 
con olor a petricor
me dejaré llevar por las olas del mar
y sumiré la cabeza bajo la sal
para que el frío despierte mis entrañas
y aleje todas esas nubes
que llaman cada día a mi puerta. 

martes, 7 de julio de 2020

Defecto

Perdona, es que he descubierto un nuevo defecto en todo esto. Y no eres tú, es que soy yo, que tiendo a imaginar qué habrá más alla de la linde del bosque cuando ni siquiera soy capaz de acercarme a la primera hilera de árboles que encuentro. 

Soy yo, que quiero volar sin haber encontrado unas alas antes. 

Soy yo, que me consumo bajo la llama de la vela que grita socorro ahogada en cera. 

Soy yo, incapaz de ser yo.

Soy yo, que me pierdo en enredaderas de ideas que parecen no tener salida. 

Soy yo, buscando nuevos días en el calendario que todavía nadie ha inventado.

Soy yo, que caigo otra vez
en el abismo
que pensé que había logrado hacer desaparecer
y que, 
sin darme cuenta, 
he vuelto a reabrir con mis propias manos. 

viernes, 3 de julio de 2020

Raro

Hoy ha sido un día raro. He viajado en el tiempo. Como cuando llegaban esos días del mes y mis hormonas decidían recordarte y llorarte olvidando todo el tiempo que había pasado entre nosotros. 
Hoy me he sentido un poco así. Y me has abrazado de más y hemos bromeado como siempre, pero al final me he acabado sintiendo un poco rara. Como si el tiempo de verdad hubiera retrocedido y nosotros, de la mano, hubiéramos parado por fin las manecillas del reloj. 
Supongo que es mi cabeza, que últimamente piensa de más y estira del enredo con cada pequeña tontería. No te preocupes. Todo sigue bien. O, al menos, eso espero, porque toda la seguridad que he construido durante estos dos años en los que tu ausencia iluminó mi piel más que nunca amenaza con derrumbarse con el pensamiento de volver a nadar en una piscina cuya agua está fría y abandonada. 
No sé, supongo que en el fondo solo me paso por aquí para decirte que te quiero. Y que siempre vas a ser una persona especial: te guardo baje llave. Aunque lo esconda bajo comentarios sarcásticos que salen automáticamente de mi boca. Aunque luego tú me los devuelves. Y así se siente un poco como siempre, como los mejores amigos que una vez se escondieron bajo besos y recuerdos algo revueltos. 
Y ya está, supongo. 
Buenas noches. 
Nos vemos el año que viene.