Hoy me he sentido un poco así. Y me has abrazado de más y hemos bromeado como siempre, pero al final me he acabado sintiendo un poco rara. Como si el tiempo de verdad hubiera retrocedido y nosotros, de la mano, hubiéramos parado por fin las manecillas del reloj.
Supongo que es mi cabeza, que últimamente piensa de más y estira del enredo con cada pequeña tontería. No te preocupes. Todo sigue bien. O, al menos, eso espero, porque toda la seguridad que he construido durante estos dos años en los que tu ausencia iluminó mi piel más que nunca amenaza con derrumbarse con el pensamiento de volver a nadar en una piscina cuya agua está fría y abandonada.
No sé, supongo que en el fondo solo me paso por aquí para decirte que te quiero. Y que siempre vas a ser una persona especial: te guardo baje llave. Aunque lo esconda bajo comentarios sarcásticos que salen automáticamente de mi boca. Aunque luego tú me los devuelves. Y así se siente un poco como siempre, como los mejores amigos que una vez se escondieron bajo besos y recuerdos algo revueltos.
Y ya está, supongo.
Buenas noches.
Nos vemos el año que viene.
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