He logrado quitarme el pañuelo de los ojos,
al igual que el miedo.
Hay algo en mí que es distinto y no me atrevo a decir qué es. Tal vez lo bautizaría como felicidad.
Casi puedo saborear esta palabra en mis labios, con un toque dulce que augura ilusión por el futuro.
Creo que lo he conseguido. Todavía soy incapaz de borrar esa primera palabra por culpa de mi inseguridad, pero así lo siento en cierto modo.
Mis muñecas ya no tienen miedo de bailar y derrochan ilusión por sentir la brisa sobre ellas. Como todo mi cuerpo, que canta repleto de energía al ritmo de mi cabello.
Mañana volaré, volaré bien alto saboreando la libertad en cada centímetro de mi piel teniendo la música un poco más alta de lo que debería. Con ganas de correr rodeada de árboles, grava y un océano que ruge mientras campa a sus anchas.
Me siento como si ya me estuviera despidiendo de ti, verano. Has sido realmente extraño, pero al fin y al cabo me has traído recuerdos que tardarán en borrarse de mis cuadernos.
Mis bolígrafos aguardan con la tinta casi al completo a empezar esta nueva etapa que viene con tu huida,
esperando impacientes a ver qué sentimientos dejo por escrito mientras me rodeo de cambios y novedades,
Siempre con ganas y una sonrisa en el rostro,
sin dejar que el miedo aflore de nuevo.
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