domingo, 18 de agosto de 2019

Compañía 🌺

Se me hace imposible contar todos los meses que han pasado a estas alturas, y sinceramente ya es algo que ni siquiera me apetece hacer, pero por fin puedo afirmar algo y es que las ganas de querer que yacían dormidas en mí por fin han despertado después de tanto tiempo.
Todavía no estoy segura de si habla una cicatriz que ya casi ha desaparecido o una cicatriz que se abre en cuanto la tocan, pero tengo ganas de querer y de que me quieran, ahora que ya sé cómo quererme a mí misma y ahora que me conozco mucho más que hace un par de años.
Y dar abrazos y besos y quedarnos despiertos hasta que podamos dar la bievenida a los rayos de sol por la mañana. Tal vez dormir abrazados y hacer viajes de carretera de un día que nos dejen exhaustos. Expectativas que acaben cumpliéndose y alguna lección de más que nos haga crecer a ambos. Alguna discusión, pero es que sin discutir no se puede querer. Besos por toda la cara. Y por algún rincón más, incluso por rincones secretos.
Después de tanto tiempo sintiéndome como una ola tímida, acercándome y alejándome de la arena una y otra vez, hoy las aguas están un poco más claras y espero que no las oscurezcas una vez más.
Mis raíces todavía te lloran a su manera, llorando savia que dibuja letras que saben a tu nombre, pero han vuelto a florecer y buscan nuevas hojas con las que mezclarse.
Una nueva etapa siempre suena bien, aunque en su melodía también suene algo de miedo. Y más si vienen personas nuevas con ella.
Espero encontrar a mi persona,
esa que me haga volver a querer aún con más ganas y más cosquilleos que ahora.
Querida futura persona:
no puedo esperar a conocerte.
Espero que estés lista para lo que se viene,
y espero que crezcamos juntas
por mucho,
mucho
tiempo.
Con abrazos, besos y noches eternas en las que no amanece el amor.

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