Sabes a casa.
Sabes a casa en tu mirada. En tu sonrisa. En cómo te ríes cada vez que bromeas. Y lo haces porque sigo reconociéndote en los mismos gestos, a pesar de cómo has cambiado a lo largo de estos años.
Supongo que es un poco raro tener que acostumbrarme a esa parte de ti que ha cambiado. A veces supone ver nuevos gestos que no conozco o enterarme de pequeñas cosas que en el fondo siempre van a doler un poco, pero he aprendido a convivir con la pequeña espina que dejaste al cortar el rosal que había en la entrada a casa y ya incluso nos estamos haciendo amigas. Recita poemas y te escribe viejas cartas cuando tu recuerdo duele un poco de más. Tendrías que ver qué rimas y qué metáforas le inspiras.
Podremos cambiar mucho, pero en el fondo sé que siempre vas a ser casa.
Y también sé que,
por mucho que pasen los años,
aquí siempre vas a tener unos brazos que te arropen
y que te rodeen
siempre que lo necesites.
No hay comentarios:
Publicar un comentario