martes, 25 de agosto de 2020

 Por primera vez, en mucho tiempo, me siento libre, sin un peso a mis espaldas que no hace más que ralentizar los pasos que doy en este nuevo camino. 


El primer día recorriendo este sendero ha sido extraño y ha vuelto con un viejo sabor a melancolía y pasado. Ha sido como viajar en el tiempo, aunque sentía unas cuerdas reteniéndome las muñecas de la manera más racional posible. 


No sé qué me deparará el futuro más próximo, pero quiero descubrirlo. Aunque eso signifique separarme de algunas personas en la linde del bosque y avanzar de la mano de otras muy diferentes, a pesar de que nuestros caminos ya acabaron entrelazados un día. 


Y ahí vuelven los nervios. Y lo hacen de una manera nueva. Revolviendo estómagos, pero también con ganas. 

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