Me deshago en pétalos que otras personas no dudan en desflorar.
Y es así como acaban llevándose una parte de mí con ellos,
sin tan siquiera saberlo.
martes, 23 de julio de 2019
Expectativas
(Lauren Jauregui - Expectations)
Expectativa: esperanza de realizar o conseguir algo.
En cierto modo siempre he vivido guiada por mis expectativas y por el miedo a no cumplirlas, a pesar de que siempre ha residido en mí una pequeña esperanza porque sí lo hicieran.
Desde años, las expectativas son una gran parte de la base de mi futuro. Este siempre ha estado lleno de ojalás provocados por las ganas de disfrutar y ser feliz con una mochila al hombro y dolor de piernas constante.
Me acompañan a todas partes a donde voy, como si no solo estuvieran tatuadas en mi piel, sino también en mi cabeza.
Expectativas que siempre van de la mano de ilusión o decepción.
Sobre todo de esta última.
Desear que todo salga bien y acabar con una sonrisa al final.
Desearía no tener expectativas,
pero no puedo evitar tenerlas,
ni que estés tú en ellas.
Expectativa: esperanza de realizar o conseguir algo.
En cierto modo siempre he vivido guiada por mis expectativas y por el miedo a no cumplirlas, a pesar de que siempre ha residido en mí una pequeña esperanza porque sí lo hicieran.
Desde años, las expectativas son una gran parte de la base de mi futuro. Este siempre ha estado lleno de ojalás provocados por las ganas de disfrutar y ser feliz con una mochila al hombro y dolor de piernas constante.
Me acompañan a todas partes a donde voy, como si no solo estuvieran tatuadas en mi piel, sino también en mi cabeza.
Expectativas que siempre van de la mano de ilusión o decepción.
Sobre todo de esta última.
Desear que todo salga bien y acabar con una sonrisa al final.
Desearía no tener expectativas,
pero no puedo evitar tenerlas,
ni que estés tú en ellas.
viernes, 19 de julio de 2019
Difusa realidad.
¿Qué es verdad y qué no lo es?
Vivimos en una sociedad que nosotros mismos hemos construido. Con guerras, conflictos y sangre de por medio, lo que no nos ha impedido echar raíces que han ido creciendo hasta extenderse más allá de lo que nuestros ojos son capaces de ver.
Nos creemos imparables y creemos que somos los dueños del mundo. Por eso jugamos a cargárnoslo, imponiendo nuestras reglas sin pensar en las consecuencias futuras. Viviendo, como dicen, en el presente, y que otro se encargue de arreglar el futuro.
Creemos que lo sabemos absolutamente todo cuando en realidad no tenemos ni idea de nada.
Pensamos que somos libres cuando en realidad vivimos tan controlados y limitados sin saberlo que jugamos a romper las barreras y a viajar más allá de cualquier horizonte que nos hayamos impuesto. Tanto nosotros mismos como los demás.
Vivimos con una venda que no nos deja ver lo que realmente hay nuestras espaldas y todo lo que se esconde en ellas.
Somos los títeres y ellos las personas que manejan nuestros hilos para que hagamos lo que ellos quieran, impidiéndonos abrir los ojos.
Ojalá pronto llegue ese día en el que los secretos y el orgullo estén por debajo de la moralidad y la igualdad.
El día en que seamos capaces de desatar la venda
y esta caiga al suelo,
ese día,
será el día en el que nos veremos librados de nuestros miedos.
Será el día en el que seremos capaces de distinguir la realidad
ya sin sentir miedo de luchar por ella
y nos convertiremos en ese granito de arena que lo haga todo mejor.
Vivimos en una sociedad que nosotros mismos hemos construido. Con guerras, conflictos y sangre de por medio, lo que no nos ha impedido echar raíces que han ido creciendo hasta extenderse más allá de lo que nuestros ojos son capaces de ver.
Nos creemos imparables y creemos que somos los dueños del mundo. Por eso jugamos a cargárnoslo, imponiendo nuestras reglas sin pensar en las consecuencias futuras. Viviendo, como dicen, en el presente, y que otro se encargue de arreglar el futuro.
Creemos que lo sabemos absolutamente todo cuando en realidad no tenemos ni idea de nada.
Pensamos que somos libres cuando en realidad vivimos tan controlados y limitados sin saberlo que jugamos a romper las barreras y a viajar más allá de cualquier horizonte que nos hayamos impuesto. Tanto nosotros mismos como los demás.
Vivimos con una venda que no nos deja ver lo que realmente hay nuestras espaldas y todo lo que se esconde en ellas.
Somos los títeres y ellos las personas que manejan nuestros hilos para que hagamos lo que ellos quieran, impidiéndonos abrir los ojos.
Ojalá pronto llegue ese día en el que los secretos y el orgullo estén por debajo de la moralidad y la igualdad.
El día en que seamos capaces de desatar la venda
y esta caiga al suelo,
ese día,
será el día en el que nos veremos librados de nuestros miedos.
Será el día en el que seremos capaces de distinguir la realidad
ya sin sentir miedo de luchar por ella
y nos convertiremos en ese granito de arena que lo haga todo mejor.
domingo, 14 de julio de 2019
Confusión.
Contigo siempre ha sido un poco raro. Idas y venidas. Estás pero no. Te quiero. Un poquito más o un poquito menos, pero te quiero.
Y así sigue siendo en cierta medida.
Quisiera poder decirte todo lo que llevo meses guardando. Meses que podrían traducirse ya a algún año, pero no lo haré por no asustarte. Quisiera ser lo suficientemente valiente para quitarme esta espina que tengo clavada a la espalda y que no deja de murmurarme que lo haga, que no me quede con las ganas.
No sé por qué, todos piensan que soy más valiente de lo que soy. Tal vez es por mi determinación a la hora de seguir mis impulsos, o tal vez es porque tiendo a interiorizarlo absolutamente todo, excepto en situaciones realmente extremas en las que ya no puedo más. Tú me quitas toda mi valentía, contigo es totalmente diferente. No sabría explicarlo, pero eres la persona en la que más confío y la que menos confianza me transmite a la vez. Me impulsas y me frenas. Me das fuerza y me la quitas, al igual que las palabras.
Me gustaría saber cómo acabar con esto de una vez por todas y más ahora, que estamos a las puertas de un cambio esencial e inevitable en nuestra vida que sin duda nos va a llevar por caminos separados. La verdad es que duele pensar en esto, pero ya no hay vuelta atrás. No puedo cambiar el pasado, tan solo mirar al futuro, y haré lo necesario para soltar todo esto que guardo en mi pecho desde hace tiempo. Así, como despedida final, aunque ni siquiera lo sea de verdad.
Si te soy sincera, desearía pillarte un poco más. Desearía poder alejarte de mi cabeza y dejarte tan solo para los poemas y los textos que ya prácticamente has firmado con tu nombre. (Y me parece algo muy bonito, por si las dudas.) Desearía poder saber cuál es la realidad y cuál es la fantasía que vive en mi cabeza y que no me deja distinguir qué es cierto y qué no.
Últimamente me siento como si viviera en un océano de confusión por todos los pensamientos diferentes que pasan por mi cabeza y que se niegan a abandonarme cuando saben que ya no tienen ningún futuro estando conmigo.
Tampoco estando contigo.
En parte, tú eres parte de esta confusión.
En parte, tú siempre vas a ser un pedacito de mi confusión, por no decir de mí.
Y aunque no te voy a olvidar nunca,
y eso es algo que sé de sobra,
te prometo que voy a hacer lo posible por aclararte,
y porque seas una de las flores más bonitas de mi piel
en lugar de una cicatriz más.
Y así sigue siendo en cierta medida.
Quisiera poder decirte todo lo que llevo meses guardando. Meses que podrían traducirse ya a algún año, pero no lo haré por no asustarte. Quisiera ser lo suficientemente valiente para quitarme esta espina que tengo clavada a la espalda y que no deja de murmurarme que lo haga, que no me quede con las ganas.
No sé por qué, todos piensan que soy más valiente de lo que soy. Tal vez es por mi determinación a la hora de seguir mis impulsos, o tal vez es porque tiendo a interiorizarlo absolutamente todo, excepto en situaciones realmente extremas en las que ya no puedo más. Tú me quitas toda mi valentía, contigo es totalmente diferente. No sabría explicarlo, pero eres la persona en la que más confío y la que menos confianza me transmite a la vez. Me impulsas y me frenas. Me das fuerza y me la quitas, al igual que las palabras.
Me gustaría saber cómo acabar con esto de una vez por todas y más ahora, que estamos a las puertas de un cambio esencial e inevitable en nuestra vida que sin duda nos va a llevar por caminos separados. La verdad es que duele pensar en esto, pero ya no hay vuelta atrás. No puedo cambiar el pasado, tan solo mirar al futuro, y haré lo necesario para soltar todo esto que guardo en mi pecho desde hace tiempo. Así, como despedida final, aunque ni siquiera lo sea de verdad.
Si te soy sincera, desearía pillarte un poco más. Desearía poder alejarte de mi cabeza y dejarte tan solo para los poemas y los textos que ya prácticamente has firmado con tu nombre. (Y me parece algo muy bonito, por si las dudas.) Desearía poder saber cuál es la realidad y cuál es la fantasía que vive en mi cabeza y que no me deja distinguir qué es cierto y qué no.
Últimamente me siento como si viviera en un océano de confusión por todos los pensamientos diferentes que pasan por mi cabeza y que se niegan a abandonarme cuando saben que ya no tienen ningún futuro estando conmigo.
Tampoco estando contigo.
En parte, tú eres parte de esta confusión.
En parte, tú siempre vas a ser un pedacito de mi confusión, por no decir de mí.
Y aunque no te voy a olvidar nunca,
y eso es algo que sé de sobra,
te prometo que voy a hacer lo posible por aclararte,
y porque seas una de las flores más bonitas de mi piel
en lugar de una cicatriz más.
Futuro
Me acabé el último capítulo hace meses, pero todavía no me he atrevido a cerrar el libro. Este sigue esperando en la estantería hasta que alguien se atreva a acariciar sus páginas por última vez.
La historia que se cuenta en ellas es única y tiene muchos finales diferentes. Pero lo más mágico de este libro es que cada persona escribe su historia y su final.
Y aquí estoy,
escribiéndome y plasmándome en unas páginas blancas que amenazan con acabarse.
Durante estos meses he paseado por centenares de pasados y futuros, esperando a que alguno de ellos cumpliera mis expectativas sin ser muy consciente de que el pasado ya estaba escrito y de que ninguna goma de borrar sería capaz de hacerlo desaparecer. Ahora miro al futuro con incertidumbre y miedo y voy abriendo puertas entreabiertas que me dan la bienvenida a nuevos cambios.
Cierro las puertas detrás de mí, pero eso no impide que los fantasmas me persigan. Caminan sobre mis huellas y juegan a atormentarme mientras hundo sus voces con música y letras de poemas que parecen haberme escrito a mí en lugar de yo a ellos.
Por las paredes se dibujan recuerdos, aviones perdidos que no dudaron en despegar a pesar de que yo no había ocupado mi asiento, personas, lugares, sonrisas, lágrimas. Los colores juegan a desteñirse sin miedo a mezclarse y forman un caos de formas en el que me veo a mí reflejada.
A mí,
A ti,
en medio de un mar de confusión que me devuelve la mirada.
La siguiente canción suena y ya veo las siguientes puertas entre las que tendré que elegir.
Una se abre,
otras se cierran.
Y a pesar del miedo,
a pesar de la nostalgia
y de la pena,
las olas nunca llevan de pasajera a la misma agua marina.
Igual que nuestras vidas tienen que cambiar,
y tal vez por eso mi puerta no tiene mirilla.
Cúmulo de sensaciones,
cuenta atrás,
y un giro de muñeca
con sabor a futuro.
La historia que se cuenta en ellas es única y tiene muchos finales diferentes. Pero lo más mágico de este libro es que cada persona escribe su historia y su final.
Y aquí estoy,
escribiéndome y plasmándome en unas páginas blancas que amenazan con acabarse.
Durante estos meses he paseado por centenares de pasados y futuros, esperando a que alguno de ellos cumpliera mis expectativas sin ser muy consciente de que el pasado ya estaba escrito y de que ninguna goma de borrar sería capaz de hacerlo desaparecer. Ahora miro al futuro con incertidumbre y miedo y voy abriendo puertas entreabiertas que me dan la bienvenida a nuevos cambios.
Cierro las puertas detrás de mí, pero eso no impide que los fantasmas me persigan. Caminan sobre mis huellas y juegan a atormentarme mientras hundo sus voces con música y letras de poemas que parecen haberme escrito a mí en lugar de yo a ellos.
Por las paredes se dibujan recuerdos, aviones perdidos que no dudaron en despegar a pesar de que yo no había ocupado mi asiento, personas, lugares, sonrisas, lágrimas. Los colores juegan a desteñirse sin miedo a mezclarse y forman un caos de formas en el que me veo a mí reflejada.
A mí,
A ti,
en medio de un mar de confusión que me devuelve la mirada.
La siguiente canción suena y ya veo las siguientes puertas entre las que tendré que elegir.
Una se abre,
otras se cierran.
Y a pesar del miedo,
a pesar de la nostalgia
y de la pena,
las olas nunca llevan de pasajera a la misma agua marina.
Igual que nuestras vidas tienen que cambiar,
y tal vez por eso mi puerta no tiene mirilla.
Cúmulo de sensaciones,
cuenta atrás,
y un giro de muñeca
con sabor a futuro.
miércoles, 3 de julio de 2019
Querida desconocida
Una desconocida me devuelve la mirada.
Mirada en la que esconden miedos e inseguridades, ganas que nunca se pudieron satisfacer, alegría y tristeza.
Mirada en la que esconden miedos e inseguridades, ganas que nunca se pudieron satisfacer, alegría y tristeza.
Ojos verdes como el color de la hierba en primavera,
del color de la suerte que acompaña a los tréboles
que reflejan pensamientos que nunca se llegaron a decir,
que expresan a través de palabras todo lo que el miedo no deja que fluya
y que se vuelven poesía envueltos en sábanas cada noche,
incluso en esas en las que la lluvia y el calor no dejan de acompañar.
del color de la suerte que acompaña a los tréboles
que reflejan pensamientos que nunca se llegaron a decir,
que expresan a través de palabras todo lo que el miedo no deja que fluya
y que se vuelven poesía envueltos en sábanas cada noche,
incluso en esas en las que la lluvia y el calor no dejan de acompañar.
Esta desconocida se deja perder entre canciones melancólicas mientras las estrellas juegan en el oscuro cielo de la noche. Ni siquiera le importa. Las manecillas del reloj ni siquiera suenan ahogadas por el sonido del piano.
Esta desconocida se pasa demasiado tiempo delante del espejo, rodeada de ojalás. Ojalás que ojalá acaben cumpliéndose. Aunque se quiere. O al menos lo intenta. Ojalá.
Querida desconocida:
aparta de una vez la mirada del espejo y deja de contemplar tu reflejo,
el mismo reflejo que tan solo tú eres capaz de desentrañar.
Y disfruta. Disfruta de libros, de tardes en las que reinan las risas, noches acaloradas, helados de vainilla, de personas increíbles, de cualquier tipo de música, de patatas fritas.
aparta de una vez la mirada del espejo y deja de contemplar tu reflejo,
el mismo reflejo que tan solo tú eres capaz de desentrañar.
Y disfruta. Disfruta de libros, de tardes en las que reinan las risas, noches acaloradas, helados de vainilla, de personas increíbles, de cualquier tipo de música, de patatas fritas.
Querida desconocida:
ahora ya dejo de esconderme detrás de ese apodo.
A ti,
a mí,
que nos conocemos mejor que nadie:
volad.
Alto.
y como dicen en titanic,
más alto.
ahora ya dejo de esconderme detrás de ese apodo.
A ti,
a mí,
que nos conocemos mejor que nadie:
volad.
Alto.
y como dicen en titanic,
más alto.
Sin dejar que os atrapen nunca.
Sin ningún miedo
Me pregunto muy a menudo si realmente consigo encerrar mis sentimientos en una caja. Y lanzar lejos la llave para no encontrarla hasta por lo menos dentro de unas horas.
Tengo miedo a ser demasiado transparente y que puedan ver a través de mis ojos hasta leerlos (y leerme) por completo. Porque si de algo estoy segura es de que alguien que está roto nunca podrá volver a ser el mismo de antes, siempre quedará alguna cicatriz del intento de remediarlo todo. Quedará por dentro o por fuera, por la piel o por el corazón, pero estará ahí y la mía es bien visible.
Intento esconderla con maquillaje y sonrisas para luego curarla con poesía y libros que terminan en cuestión de días. Poesía por llamarlo de alguna manera.
Llevo meses arrastrando esta cicatriz, pero parece que no sana. Parece que no quiere sanar, al menos no por completo, y siempre pretende recordarme la causa que la produjo. Qué cabrona. Como si hiciera falta. Como si su causa no se paseara por mi cabeza lo suficiente.
Parece increíble que el tiempo juegue a contrarreloj, porque en vez de acercarme a la salida, me alejo de ella rodeada de centenares de preguntas protagonizadas por por qués.
Por qué no soy capaz de gritarlo todo.
Por qué no dejo de volver atrás.
Por qué no soy capaz de seguir adelante.
Tropiezo con la misma piedra y esta no hace más que crecer cada vez, impidiéndome ver qué hay más allá del camino que quiero (o debo) seguir.
Ahora me dirijo a ti, piedra: tú ya encontraste y seguiste tu camino. Después de años, meses, semanas, días y horas que se me han hecho ya incontables, creo que me toca a mí. Aunque duela. Aunque caigan varias lágrimas en las baldosas del camino.
Aunque me gire de vez en cuando para mirarte,
recordarte,
y sonreírte,
pero esta vez sin ningún miedo.
Tengo miedo a ser demasiado transparente y que puedan ver a través de mis ojos hasta leerlos (y leerme) por completo. Porque si de algo estoy segura es de que alguien que está roto nunca podrá volver a ser el mismo de antes, siempre quedará alguna cicatriz del intento de remediarlo todo. Quedará por dentro o por fuera, por la piel o por el corazón, pero estará ahí y la mía es bien visible.
Intento esconderla con maquillaje y sonrisas para luego curarla con poesía y libros que terminan en cuestión de días. Poesía por llamarlo de alguna manera.
Llevo meses arrastrando esta cicatriz, pero parece que no sana. Parece que no quiere sanar, al menos no por completo, y siempre pretende recordarme la causa que la produjo. Qué cabrona. Como si hiciera falta. Como si su causa no se paseara por mi cabeza lo suficiente.
Parece increíble que el tiempo juegue a contrarreloj, porque en vez de acercarme a la salida, me alejo de ella rodeada de centenares de preguntas protagonizadas por por qués.
Por qué no soy capaz de gritarlo todo.
Por qué no dejo de volver atrás.
Por qué no soy capaz de seguir adelante.
Tropiezo con la misma piedra y esta no hace más que crecer cada vez, impidiéndome ver qué hay más allá del camino que quiero (o debo) seguir.
Ahora me dirijo a ti, piedra: tú ya encontraste y seguiste tu camino. Después de años, meses, semanas, días y horas que se me han hecho ya incontables, creo que me toca a mí. Aunque duela. Aunque caigan varias lágrimas en las baldosas del camino.
Aunque me gire de vez en cuando para mirarte,
recordarte,
y sonreírte,
pero esta vez sin ningún miedo.
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