miércoles, 3 de julio de 2019

Querida desconocida

Una desconocida me devuelve la mirada. 
Mirada en la que esconden miedos e inseguridades, ganas que nunca se pudieron satisfacer, alegría y tristeza.
Ojos verdes como el color de la hierba en primavera, 
del color de la suerte que acompaña a los tréboles 
que reflejan pensamientos que nunca se llegaron a decir, 
que expresan a través de palabras todo lo que el miedo no deja que fluya 
y que se vuelven poesía envueltos en sábanas cada noche, 
incluso en esas en las que la lluvia y el calor no dejan de acompañar.
Esta desconocida se deja perder entre canciones melancólicas mientras las estrellas juegan en el oscuro cielo de la noche. Ni siquiera le importa. Las manecillas del reloj ni siquiera suenan ahogadas por el sonido del piano.
Esta desconocida se pasa demasiado tiempo delante del espejo, rodeada de ojalás. Ojalás que ojalá acaben cumpliéndose. Aunque se quiere. O al menos lo intenta. Ojalá.
Querida desconocida:
aparta de una vez la mirada del espejo y deja de contemplar tu reflejo, 
el mismo reflejo que tan solo tú eres capaz de desentrañar. 
Y disfruta. Disfruta de libros, de tardes en las que reinan las risas, noches acaloradas, helados de vainilla, de personas increíbles, de cualquier tipo de música, de patatas fritas.
Querida desconocida:
ahora ya dejo de esconderme detrás de ese apodo. 
A ti, 
a mí, 
que nos conocemos mejor que nadie:
volad. 
Alto. 
y como dicen en titanic, 
más alto.
Sin dejar que os atrapen nunca. 

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