A veces nos ponemos a escuchar canciones y a cantarlas a grito pelado sin saber qué se esconde detrás de las letras. Y ahí estás tú, bailándola a ciegas.
Lo mágico es cuando un día de repente entiendes esa letra y la sientes como si la hubieras escrito tú. Tú, enamorada. Tú, con el corazón roto. Pero tú.
Y te juro, amor,
que en ese momento,
al entender todo el dolor que se escondía entre acordes
y al escuchar los te echo de menos en cada solo de guitarra,
deseé que volvieras,
venda en mano,
para decirme que todo estaba bien.
Y deseé creerte,
deseé creerme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario