lunes, 20 de mayo de 2019

Melancolía

Un suspiro.
Un suspiro frente a las sábanas frías, con las piernas enrolladas en las sábanas, sin rayos de luz filtrándose por la ventana.
Un suspiro que baila al ritmo de las manecillas del reloj y del viento que se lleva los minutos sin ni siquiera pararse a pensar en lo que está haciendo.
Sin prisa.
Sin pausa.
Recibo al insomnio esperando que la noche no llegue a su fin, con miedo a quedarme dormida y ver cómo todo acaba sin poder hacer nada por evitarlo.
El fin es el principio de algo nuevo y,
al fin y al cabo,
tarde o temprano,
todo llega,
con retrasos
o adelantos,
pero llega.
Me despido para decirte adiós con tacones
y un poco de rímel decorando las lágrimas,
con incertidumbre,
con miedo,
sin tener ninguna duda de que acaba algo inolvidable.
No es un adiós,
sino un hasta pronto,
y a ver si así duele algo menos.

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