No sé si es miedo o estupidez, pero nos empeñamos en no lanzarnos a la piscina sin darnos cuenta de que las manecillas de nuestro reloj no se detienen nunca.
Tal vez es que todavía nos hace falta algo que nos abra los ojos y que nos ayude a ver que realmente hay un final y que no sabemos cuándo demonios llegará.
Pero ya basta de quedarse con las ganas. Ya basta de dejar que los temores nos superen.
Todo es más bonito cuando gritamos todos los "te quieros" y los "te echo de menos" que llevamos tanto tiempo guardando. Aunque duela.
Por eso, porque nunca sabes qué te espera a la vuelta de la esquina,
hazlo,
grita,
cuanto más alto,
mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario