Paro a descansar en esta expedición que empezó con tu marcha y miro hacia atrás.
La verdad es que no se me da bien no perderme por mis recuerdos y es por eso que no paro de girarme a medida que avanzo por el camino de grava.
Y es que es imposible no pensar en ti,
porque fuiste revolución y huracán y arrasaste por completo mi piel, lo que hizo que estuviéramos algo faltos de flores esa primavera.
Amor, todo ha cambiado tanto...
Hemos aprendido a querernos, pero a querernos por separado.
La chica a la que conociste ha crecido y madurado y parece otra persona. Incluso ella se sorprende al mirarse en el espejo.
¿Cómo decirte que no solo fuiste, sino que también trajiste cambio? Te odio y te quiero al recordar las lágrimas cayendo de mis ojos mientras hacíamos las maletas: te odio y te quiero porque fuiste una de la tristezas más duraderas de todas, pero trajiste una felicidad incomparable a nada más. Que te lo digan las mariposas de mi estómago cada vez que me besabas.
Amor, las flores se marchitaron al abandonar nuestro hogar, pero ahora parece que quieren florecer de nuevo. Y esta vez son de colores diferentes.
Echo a caminar de nuevo, mirando la casa en ruinas que una vez fue nuestra casa. Y no hogar, porque hogar eras tú.
Y oye, que partimos por caminos diferentes al despedirnos, pero que todos los caminos llevan a Roma y Roma al revés lleva a ti. Que mucha gente defenderá la distancia, pero yo te defiendo a ti.
Y que los recuerdos nos unan en vez de separarnos,
siguiéndonos a nosotros
en vez de hacerles caso a los demás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario