viernes, 3 de mayo de 2019

Lluvia

Las nubes te traen consigo, y no tienen miedo de dejarte caer sobre mi tejado.
Si te digo la verdad es que siempre he sido de esas que prefieren quedarse en casa leyendo un buen libro a bailar reggaeton con una bebida en la mano, pero esta noche la lluvia suena mejor con rock de fondo y por eso prefiero trasnochar para escucharte.
Tus brisas frías me recorren la piel poniéndomela de punta, trayendo recuerdos que intento dejar a un lado. El no tener tiempo ni de respirar tan solo es una excusa para dejar de pensarte y parece que funciona, porque ya no te paseas tanto por la puerta de mi casa. Me alivia y me apena a la vez, pero sé que tu retrato siempre estará colgado en el pasillo de este hogar y en cierta manera es imposible no verte por cada rincón de mi cuarto.
Como dice Zahara, te deslizas por mí y juegas a hacer el echarte de menos un poco más difícil. Tú, tan dificultad pero tan facilidad al mismo tiempo. Y es que a la vez lo haces todo tan fácil acompañado de esta química que nos caracteriza, que no quiero que te vayas nunca.
Tú, tan paradoja y metáfora al mismo tiempo. Y lo entiendo, si es que tu cuerpo está lleno de poemas escritos a base de caricias. Qué te voy a contar, si lo sabes mejor que nadie.
En fin, voy a por un paraguas. A ver si conseguimos no cruzarnos una vez más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario