martes, 8 de septiembre de 2020

 esta noche había decidido perdonarme y olvidarme de las letras vacías que quedaban martilleándome el pecho. y ha sido así hasta que ha aparecido el nuevo cero a la izquierda y hasta que he caído en el abismo del olvido otra vez. 


y me pregunto si algún día dejará de ser así, o si algún día dejará de doler. 

si algún día alguien se dará cuenta de que mi piel cada vez es más del color de la pared y menos del color de la alegría y la vivacidad que la caracterizan. 


me preguntó si algún día dejarás de ser paradoja,

y te acordarás de mí también en otras situaciones que estén fuera de tu interés propio

(que no el nuestro mutuo). 


i'm falling again, i'm falling

martes, 25 de agosto de 2020

 me

confundes

más

cada

paso 

que 

das


 Por primera vez, en mucho tiempo, me siento libre, sin un peso a mis espaldas que no hace más que ralentizar los pasos que doy en este nuevo camino. 


El primer día recorriendo este sendero ha sido extraño y ha vuelto con un viejo sabor a melancolía y pasado. Ha sido como viajar en el tiempo, aunque sentía unas cuerdas reteniéndome las muñecas de la manera más racional posible. 


No sé qué me deparará el futuro más próximo, pero quiero descubrirlo. Aunque eso signifique separarme de algunas personas en la linde del bosque y avanzar de la mano de otras muy diferentes, a pesar de que nuestros caminos ya acabaron entrelazados un día. 


Y ahí vuelven los nervios. Y lo hacen de una manera nueva. Revolviendo estómagos, pero también con ganas. 

viernes, 21 de agosto de 2020

 A veces me gusta pensar que, tal vez, la razón por la que no contestas a mis mensajes es porque cuando los lees te cuesta construir una coraza que no te lleve atrás en el tiempo. 

Y así, cuando te la pones, no piensas en lo que un día fuimos. 

Sí, será eso.

jueves, 20 de agosto de 2020

 Tornem a jugar al mal pas.

Hay algo en tus ojos. Algo diferente y que aún después de todos estos años me llama como nada más, como si tuviera nombre y apellidos propios. 

Hay algo en la forma en que te miro. Algo irrepetible y tuyo que sé que va a quedar atrapado en las memorias de tus recuerdos por mucho tiempo y mucha gente que pase. 

Parece mentira que, después de darle tantas vueltas al reloj, ese algo siga brillando cada vez que nuestras miradas se entrecruzan y nos reímos. 

Parece mentira que haya tardado tanto en darme cuenta de que, por mucho que el tiempo pase, siempre va a haber una parte de nosotros que siga ahí. 

Estaremos en miradas fugaces, 

en comentarios sarcásticos

o en bromas privadas que nadie más entenderá, 

en sonrisas 

o en miradas largas

que se imaginan escenarios que ya nunca pasarán,

pero estaremos. 


miércoles, 19 de agosto de 2020

 Otra vez estoy cayendo en ese bucle, pensando en si dejarme llevar por un impulso masticado por el tiempo o si dejarlo caer en un abismo temporal para reencontrarme con él más tarde. 

Lo peor de todo es que sé perfectamente cuál es la decisión que no voy a tardar en tomar. 

Es tan fácil como saltar. Saltar desde las rocas para sumergirte en un río de agua fría en el que no sabes qué te espera, tener unas manos que te cojan de la tuya y te animen a hacerlo cuando saben que es realmente lo que quieres hacer, aunque no te atrevas a dar una zancada que te llevará a viajar por el aire. 

Es tan fácil por provocar un impulso que no acaba de llegar y que llevará a un lugar más feliz. 

Y luego está mi cabeza. Esa que dice que no lo haga, que hay otra solución y otra salida más fácil por la que evacuar a la mayoría de los problemas, de los inconvenientes y del dolor, aunque sé que es mentira y que tan solo se está intentando autoconvencer para no tener que enfrentarme al momento tan temido. 

Ojalá tuviera las cosas tan claras como digo, 

ojalá fuera lo suficientemente valiente para saltar, 

y ojalá 

las heridas

no tarden mucho en curarse.

sábado, 15 de agosto de 2020

 Sabes a casa. 


Sabes a casa en tu mirada. En tu sonrisa. En cómo te ríes cada vez que bromeas. Y lo haces porque sigo reconociéndote en los mismos gestos, a pesar de cómo has cambiado a lo largo de estos años. 


Supongo que es un poco raro tener que acostumbrarme a esa parte de ti que ha cambiado. A veces supone ver nuevos gestos que no conozco o enterarme de pequeñas cosas que en el fondo siempre van a doler un poco, pero he aprendido a convivir con la pequeña espina que dejaste al cortar el rosal que había en la entrada a casa y ya incluso nos estamos haciendo amigas. Recita poemas y te escribe viejas cartas cuando tu recuerdo duele un poco de más. Tendrías que ver qué rimas y qué metáforas le inspiras.


Podremos cambiar mucho, pero en el fondo sé que siempre vas a ser casa. 

Y también sé que, 

por mucho que pasen los años, 

aquí siempre vas a tener unos brazos que te arropen

y que te rodeen 

siempre que lo necesites.


 Mi cabeza ya está haciendo de las suyas otra vez. Ha lanzado un grito de socorro que se ha perdido en el eco y que nadie ha llegado a oír mientras las olas golpean los riscos de la playa trayendo poemas perdidos a la arena. 


Busco con los dedos una mano que pueda aferrarme y sacarme del agua, pero aunque todas ellas se acercan a la espuma, no llegan a sumergirse en el océano de sal y me dejan navegando a la deriva sin rumbo. No sé a dónde voy, pero espero encontrar un destino pronto, uno en el que pueda poner el cartel de casa en la entrada. 


La energía se me agota. Me pierdo entre serenatas que celebraban tiempos mejores y me dejo llevar por el oleaje mientras la ropa y el pelo se me pegan al cuerpo dibujando una nueva figura que no reconozco en el espejo. 


El agua me hunde. El pecho me arde. 


Y yo, 

sin encontrar nada a lo que aferrarme, 

acabo cayendo en un abismo oscuro y eterno

que parece prometer que no tiene final, 

o, 

al menos, 

que no tiene un final que vaya a llegar pronto. 



lunes, 27 de julio de 2020

Mi cabeza bulle, 
por primera vez en mucho tiempo, 
a causa de las metáforas perdidas
y las paradojas faltas de antonimia. 

Hace tiempo que me perdí en este camino de guijarros,
y la arena se niega a dibujarme el camino a casa. 

Me busco en galerías de arte,
en viajes al pasado
y en detalles perdidos en el tiempo
con un par de carcajadas 
y unas manos que se aferran a la primera piel que encuentran. 

No me sueltes, suplica, 
que a lo mejor me caigo.

Y no sé a dónde demonios 
me llevará esta venda sin rumbo, 
pero supongo que
en medio de toda esta confusión 
con olor a petricor
me dejaré llevar por las olas del mar
y sumiré la cabeza bajo la sal
para que el frío despierte mis entrañas
y aleje todas esas nubes
que llaman cada día a mi puerta. 

martes, 7 de julio de 2020

Defecto

Perdona, es que he descubierto un nuevo defecto en todo esto. Y no eres tú, es que soy yo, que tiendo a imaginar qué habrá más alla de la linde del bosque cuando ni siquiera soy capaz de acercarme a la primera hilera de árboles que encuentro. 

Soy yo, que quiero volar sin haber encontrado unas alas antes. 

Soy yo, que me consumo bajo la llama de la vela que grita socorro ahogada en cera. 

Soy yo, incapaz de ser yo.

Soy yo, que me pierdo en enredaderas de ideas que parecen no tener salida. 

Soy yo, buscando nuevos días en el calendario que todavía nadie ha inventado.

Soy yo, que caigo otra vez
en el abismo
que pensé que había logrado hacer desaparecer
y que, 
sin darme cuenta, 
he vuelto a reabrir con mis propias manos. 

viernes, 3 de julio de 2020

Raro

Hoy ha sido un día raro. He viajado en el tiempo. Como cuando llegaban esos días del mes y mis hormonas decidían recordarte y llorarte olvidando todo el tiempo que había pasado entre nosotros. 
Hoy me he sentido un poco así. Y me has abrazado de más y hemos bromeado como siempre, pero al final me he acabado sintiendo un poco rara. Como si el tiempo de verdad hubiera retrocedido y nosotros, de la mano, hubiéramos parado por fin las manecillas del reloj. 
Supongo que es mi cabeza, que últimamente piensa de más y estira del enredo con cada pequeña tontería. No te preocupes. Todo sigue bien. O, al menos, eso espero, porque toda la seguridad que he construido durante estos dos años en los que tu ausencia iluminó mi piel más que nunca amenaza con derrumbarse con el pensamiento de volver a nadar en una piscina cuya agua está fría y abandonada. 
No sé, supongo que en el fondo solo me paso por aquí para decirte que te quiero. Y que siempre vas a ser una persona especial: te guardo baje llave. Aunque lo esconda bajo comentarios sarcásticos que salen automáticamente de mi boca. Aunque luego tú me los devuelves. Y así se siente un poco como siempre, como los mejores amigos que una vez se escondieron bajo besos y recuerdos algo revueltos. 
Y ya está, supongo. 
Buenas noches. 
Nos vemos el año que viene.

miércoles, 17 de junio de 2020


tal vez soy tonta por confiar cuando era mejor no hacerlo y tal vez soy tonta por confiar cuando los antecedentes apuntaban a un camino que no tenía salida. 

escondo la falsa seguridad bajo una capa de maquillaje con la que siempre acostumbro a salir, con la esperanza de que me dé esa confianza que no he sabido encontrar por mí misma tras unos vaqueros y el reflejo de un espejo. tal vez es por eso por lo que no tarda en desmoronarse tras un par de arañazos que hacen cortar el contacto con cualquier piel. 

y sé que a veces soy aún un poco niña y que siempre confío un poco de más en aquellas historias que siempre me hacen sentir como en casa, incluso cuando no debería. la palabra ilusa me cubre las estrías de tinta que se pierde más allá de la piel. 

a pesar de todo, aunque las promesas se rompan en pedazos y duelan tanto que el petricor acompañe a la noche, intentaré pasear al ritmo de melodías de guitarra que me hagan viajar hacia otros destinos más felices y me perderé entre las guerras de Benedetti. 

tal vez,
con suerte, 
no necesitaré ningún pincel
para pintar las gotas de lluvia
que se deslizan por mi piel
de colores cálidos
y el sol venga
de la mano de mejores noticias
por la mañana

sábado, 13 de junio de 2020

odisea


ya había dejado de vivir en madrugadas. 

y, sin embargo, 
estas han decidido volver
enrolladas entre sábanas 
repletas de sudor
y la luz del flexo
iluminando mis inseguridades. 

mi cabeza viaja en el tiempo
entre libros y bolígrafos
y se pregunta
si es esto lo que quiere de verdad. 

¿qué quieres?

quieres un resorte 
que te impulse lejos de aquí. 
que sepa a mar salada 
y te lleve a subir la montaña más alta
con un par de paradojas a la espalda
preparadas
por si acaso encuentras un rincón
donde la poesía suene más bonita
de lo que ya es. 

quieres superación. 
volar entre acantilados
en busca de inspiración
que lleve a párrafos y personajes infinitos. 
nombres que te hagan sentir
el olor de estar en casa. 
horas gastadas en presentes y futuros
que vayan más allá en un mañana.

las olas se enredan en mis tobillos
y me susurran que me siga internando en el agua
un poco más, 
hasta sentir cómo
mis pulmones
se van quedando cada vez con menos aire
y con más dudas. 


promesa


ahogaste las palabras
bajo una promesa
sin esperanza.

y tanto tú 
como yo
pensábamos
que esta acabaría cumpliéndose
y que ambos estaríamos orgullosos
perdiéndonos de la mano
por las calles de esta ciudad. 

hoy, los meñiques se han roto
ahogando el canto que prometían. 

las palabras se han hundido en la arena
a la espera de que unas manos
quieran
(y puedan)
llevarlas de vuelta a la superficie. 

el viento arrastra 
una piel erizada 
que no encuentra el cartel de camino a casa
y que no hace más que perderse
entre metáforas e hipérboles 
de melodías con sonido ahogado. 

las manecillas del reloj
han salido disparadas a contratiempo
buscando el momento en el que
accionamos el cronómetro. 

y sigo caminando
de la mano de la brisa
con un mapa en las manos
que apunta a todas partes menos a casa
y unas notas de piano
que sonaron por primera vez
en una noche de febrero,
preguntándome por qué
mi piel
no es capaz de aguantar 
toda la tinta
que derramó tu promesa rota
y por qué el tobogán de mis mejillas
es incapaz de borrar el rastro
que la poesía deja a mis pies
buscando la salida 
de este túnel

martes, 26 de mayo de 2020

Peso

Por favor
que alguien
me quite
este peso
que arrastro
a mis espaldas.


antes 
de que
me 
hunda
(más)

lunes, 18 de mayo de 2020

Casa.

Azoteas con regustillo a alcohol
y que son la pista 
de más de un avión. 

El cielo se tiñe de colores
a nuestras espaldas
viajando al ritmo de nuestras risas.

Las nubes se llevan 
nuestras anécdotas de viaje, 
sin miedo a alejarse de nosotros. 

(No) abrazos que saben a gloria
y a lágrimas
que esperan desde hace mucho a ser derramadas. 

Distancia
(rota)
que espera a ser cortada. 

Noche,
atardecer en vela, 
nuestra canción cantada a grito pelado. 

Madre mía. 

Meses consumidos 
por el llanto de una llama
que no quiere apagarse. 

La nueva rutina parece no querer irse
y resuena en cada una de las esquinas, 
acechándonos
en busca de otra vuelta de reloj
y más ganas de hundirse en la arena. 

Y nosotros... 
aquí estamos, 
después de días, 
semanas 
y horas
marcados con tinta en nuestra piel
y en nuestras emociones. 

Quién me iba a decir
que después de tanto tiempo
sin salir de lo que pensaba que era casa
la encontré en unos abrazos no dados
o una bolsa de pistachos
que volaba por el aire imparable. 

Casa no es el sitio en el que vives.
Y después de hoy lo tengo claro. 

Casa es ese sitio donde ríes, 
donde lloras y te sinceras
con las estrellas como testigo. 

Donde no tienes miedo de ser tú
y donde puedes gritar
hasta vaciarte los pulmones. 

Casa, 
vosotros, 
amigos, 
familia, 
lo que sea. 

Hay tantos nombres que ya no sé cuál elegir.
Aun así sí que sé qué decir: 
gracias. 

Gracias por ser el nudo
del que tirar 
para salir de este bucle
que no ha hecho más que consumirnos
y ponernos a prueba.

Gracias por ser guía, 
risa, 
ancla. 

Gracias por ser. 

Impotencia

Me trago el nudo de mi garganta
y noto cómo,
en vez de hundirse, 
se abre paso bajando
por mi piel. 

Las nubes lloran, 
o gritan, 
vistiéndose del gris 
de invierno
y el sol se esconde 
tras paredes de impotencia
que esconden
redes de pensamientos
y de ganas acumuladas
en el estómago. 

The 1975 tocan
y cantan
con rabia
mientras paso las páginas
del libro de mi regazo. 

La puerta ya casi no se abre. 
Los zapatos cogen polvo 
en el armario. 

Respiros limitados
de perderse por el campo. 

Visitas efímeras en balcones
con un lejos 
que tiembla al no poder
convertirse en cerca.

Ganas de abrazos
y de besos de más. 

Impotencia
con olor a petricor
mientras la arena del
reloj
cae al suelo
entre mis manos. 




f1


Revolución: 

1. f. Acción y efecto de revolver o revolverse.

2. f. Cambio profundogeneralmente violentoen las estructuras políticas y socioeconómicas de unacomunidad nacional.

3. f. Levantamiento o sublevación popular.

4. f. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.


Esta revolución vino de mano del año nuevo y un susurro distante al que apenas nadie quería acercarse. 

Nos encontramos con ella a las puertas de marzo, acompañados de lluvia, mantas y una incertidumbre que prometía acabarse en poco, aunque fuera en vano y todos supiéramos que iría más allá. 

Revolución de puertas cerradas, 

revolución de respirar solo a través de las ventanas. 

Revolución de tachar días y meses en el calendario para no volver a verlos. 

Revolución de devorar libros y de descubrir otros nuevos que no tarden en ocupar la estantería. 

Revolución de acordarse de un pequeño proyecto abandonado y acabarlo después de años. 

Revolución de engancharse otra vez a una banda no tan nueva y gritar sus letras en un intento de no correr a abrir el pomo de la puerta. 

(Love it if we made it)

Revolución de revolución interior. De esas que prometen mariposas en el estómago y cosas más cursis que tan solo recordabas en películas y libros y olvidados. Y aprovechar para descubrir algunas más. 

Perderte en poesía. 

Decidirte a seguir con un idioma abandonado, 

decidirte a ir un poco más allá y abandonar la pereza. 

Revolución en aprender más

(o al menos intentarlo).

Revolución en 0

pronto

revolución en 1

con algún reencuentro de más.

miércoles, 29 de abril de 2020

Tengo miedo de
no ser
quien crees
que soy.

Tengo miedo de que tengas puestas en mí unas expectativas que luego no se cumplan. De que veas en mí a alguien que no soy. Y que te decepciones o incluso te decepcione yo por ese mismo motivo, haciéndote sentir peor.
A veces tengo la sensación de que llevo demasiado peso a la espalda. De que te apoyas en mí como en nadie y de que yo no soy capaz de recoger todo ese peso. Tengo miedo de no darte lo que mereces o incluso lo que quieres. Tengo miedo de que me conozcas realmente y lo que veas no te guste. Y tengo miedo de que pases tú por todo lo que un día tuve que pasar yo, lo mismo que me volvió la persona que soy ahora.

El miedo me acompaña desde el mes en el que todo estó ocurrió y parece que va a seguir haciéndolo por mucho tiempo más.

Supongo que tendremos que intentar apartarlo del sendero,
aunque siempre siga presente en mi cabeza.

sábado, 14 de marzo de 2020

Tengo miedo de pensar que a lo mejor no soy tanto como me imaginaba. Que mi grito de socorro se pierde tan pronto como abandona mi garganta y que nadie es capaz de escucharlo. A lo mejor por eso nadie me tiende a la mano. A lo mejor es que la música de los auriculares está demasiado alta como para oír nada. A lo mejor es que siempre nos olvidamos de preguntar y nos convencemos de lo supuesto.

Tengo miedo de caer en el olvido. De que la vieja inseguridad vuelva y consiga hacerme tan pequeña como antes. De que todo esto solo sea una falsa imagen capaz de hacerse trizas en cuestión de segundos sin que haya ningún celo que la pueda remendar.

Por favor,
dime,
¿soy alguien?
¿soy suficiente?
¿piensas en mí
algo más de lo parece?

Still...
Tengo el vuelo de ida y no el de vuelta. La llave en la mano buscando una cerradura que sepa a la brisa en la cara, a libertad y a un agobio que eché de menos mucho más de lo que pensaba.

jueves, 12 de marzo de 2020

Tan pronto como esta montaña rusa sube,
se escucha un grito
con una canción de fondo
y cae en picado.

A veces también va acompañada
de libros
y de tareas
que se amontonan
en la esquina del escritorio.

Marzo

Un grito sordo.
Dolor.
No sé.
¿Soy suficiente?
No te preocupes.
No es nada.
¿O sí?
¿Me quieren?
¿Me quiero?
¿Soy capaz de seguir?
Sí.
Sí.
Sí.
No.
NO.
Necesito un respiro.
Y dormir.
El calendario
ahora está mojado,
ya no hay
alegría
en sus calles.
Joder.
Una canción triste.
Otra en valenciano.
¿Hay solución?
¿Voy a ser capaz?
Me supera.
Compañía.
Ven, por favor.
Un beso.
O un par.
Lágrimas
que acompañan
a las constelaciones.
Mierda,
las expectativas.
Mierda,
donde están ahora.
Joder.
Respiro.
Aviones.
Música
a un volumen más alto
de lo normal
ahogado
en retrasos
y vuelos cancelados.
¿Qué hacemos?
¿Qué hago?
Hay tanto tiempo
que me falta
y tanta ilusión
que se me escapa.
Mierda,
marzo.

Respirar

Subrayar,
rotulador en mano,
los números
que se pasan
con las hojas del calendario.

Y verlo cada día.
Y reír.
Y un "venga, yo puedo"
que te anima
a destaparte
y salir corriendo de
tu eterno refugio
donde respiras
y ríes
y descansas
con miedo
y un par de sueños imposibles
que se desvanecen
con los primeros rayos del día.

La cuentra atrás se desvanece.
Una venda
cubre las lágrimas de los ojos
que caen sobre la tinta
emborronando los días
y todo aquello que llevabas
esperando
tanto tiempo
con tanta ansia.

Y respirar
se convierte en una jaula
de gritos
y escapes imposibles
sin llaves
que poder alcanzar
para abrir la puerta.

Los aviones despegan,
las calles se vacían
y las promesas
se mezclan
invisibles
con el aire
en medio de una tormenta
que lleva varios días
amenazando
con no amainar.